Sitiado por la nieve y el hielo, soportando temperaturas de hasta diez grados bajo cero, en uno de los puertos más inaccesibles del Camino son raros los peregrinos jacobeos que no han recibido la ayuda o un buen consejo de Tomás Martínez, o Tomás de Manjarín, como es conocido en la ruta compostelana.

Dicen que es el último caballero templario y su hombría de bien no impide que haya desaprensivos dispuestos a dar un disgusto al que mucha gente considera un auténtico santo del Camino.

Esta vez han sido dos de sus perros, a los que mima como hace con cuantos peregrinos pasan por su albergue en toda época. Se queja Tomás de que los cotos de caza de Manjarín, Foncebadón y Prada de la Sierra sumaron la pasada semana otras cuatro víctimas caninas a la lista de perros muertos en la zona. El célebre hospitalero denuncia la muerte de los perros de su propiedad, y asegura que este tipo de sucesos es frecuente. «En los dieciséis años que llevo aquí, llevo ya veinticinco perros muertos», asegura. Tras el incidente, Tomás ha puesto en conocimiento de medio Ambiente la muerte de sus mascotas. De los cuatro perros, dos se han trasladado a Madrid y Valladolid para estudiar las causa de su muerte, mientras que los cuerpos de los otros dos canes supuestamente muertos hace unos días no han aparecido. La sospecha es que esos perros que acompañan las soledades de Tomás han perdido la vida por causa de los cotos de caza, ya que los canes dificultan la captura de piezas a los cazadores, al espantar las piezas con sus ladridos.

Tomás Martínez sostiene la hipótesis de que el uso de herbicidas en la zona puede ser la causa de las muertes y no descarta emprender acciones judiciales para que no vuelva a repetirse esta situación. Además, dice que ha escuchado disparos de cazadores «con nieve hasta arriba, algo que está prohibido».

El alcalde de Santa Colomba de Somoza, José Miguel Nieto, municipio al que pertenecen los cotos, dice que desconoce los hechos. En el mismo sentido se manifiesta el presidente de la Asociación Nueva Prada de la Sierra, Ernesto Morán, cuya organización promueve la recuperación del pueblo que se abandonó a mediados de los años 80 y entre cuyos proyectos se encuentra la puesta en marcha de un coto de caza en fincas privadas.

A un paso de la Cruz de Ferro, el albergue de Tomás Martínez es un auténtico refugio para el peregrino, al que cuida con generosidad este caballero templario, ataviado con su blanco peto, que no ha dudado en mediar en el conflicto entre monjes y vecinos de Rabanal del Camino.

Además de la pena por el envenenamiento de sus cuatro perros, Tomás denuncia otros actos de vandalismo propios de auténticos energúmenos, como la destrucción de carteles de la carrera de Manjarín y del Camino, incluso alguno instalado muy recientemente.

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